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Resumen

bordar temas como el que se pretende de­sarrollar en estas líneas y que se encuentra planteado en su título, resultan interesantes en la medida que se convierten en retos no solamente teóricos sino prácticos. El término Economía Naranja además de pretender brindar un distintivo cromático pareciera querer ubicarnos en un contexto particular con unos impactos igualmente singulares Déribéré (1964). El estudio reali­zado sobre el tema y contenido en el manual: «La economía naranja. Una oportunidad in­finita» de Felipe Buitrago Restrepo e lván Duque Márquez, expresa la importancia de las industrias creativas y culturales en el desarrollo de países como el nuestro, don­de la economía es poco diversa comparada con las deMéxico, Estados Unidos y España, entre otras. Pero ¿Qué es en sí la economía Naranja? ¿Y qué la compone?, La economía Naranja ha sido definida por el BID (Banco Intera­mericano de Desarrollo) como el conjunto de actividades que de manera encadenada permiten que las ideas se transformen en bienes y servicios culturales, cuyo valor está determinado por su contenido de propie­dad intelectual. El universo naranja está compuesto por la economía cultural y las industrias creativas, en cuya intersección se encuentran las industrias culturales con­vencionales y las áreas de soporte para la creatividad (www.iadb.org, 26 sep. 2018). Cultura y conocimiento sin duda son los componentes económicos que generan ri­queza, parece ser la consigna que proclama la Economía Naranja. Estos elementos no son nuevos para Colombia en la medida que siempre han estado presentes en el escena­rio nacional. Se ha dicho y reconocido que el talento colombiano es indiscutible no solo a nivel local, regional, nacional, sino también mundial al igual que su riqueza ancestral en saberes y tradiciones que se organizan en conocimiento consolidado para conservar la diversidad cultural que a su vez es origen de creatividad e innovación.Solo hasta ahora parecen tener valor dentro de una economía que antes les había res­tado importancia y protagonismo, viéndose reflejado incluso en algunas actividades artísticas y culturales que escasamente lo­gran sobrevivir pese al talento, innovación y conocimiento que poseen; sin embargo, se debe reconocer también que algunas actividades artísticas sí han contado con mayor suerte que otras, refiriéndose al poco o mucho apoyo que han recibido. Dentro de estas se podrían mencionar el cine, al­gunas artes visuales y escénicas, la música y la moda. Se manifiesta entonces, que se ha empezado a reconocer dentro de este marco naranja el aporte que las ideas yac­tividades culturales pueden brindar a una economía nacional, siempre y cuando se cuente con apoyo, incentivos y garantías que faciliten su inserción en el ciclo económico y no dejárselo a la suerte o a la influencia de unos pocos. Conciliar la relación entre economía y cul­tura, no es tarea fácil dado que para las mentes creativas el carácter monetario con el que se le quiere valorar y medir le resulta odioso e incómodo, quizá porque no representa realmente el valor creativo e innovador que ellos poseen. Además, la falta de reconocimiento a su trabajo como legítimo, que merece contar con todas las condiciones y oportunidades de las cuales se carece, los lleva muchas veces a engrosar la informalidad de sus actividades, negán­doles así, la oportunidad de participar en una cadena de valor que beneficie a todos.Por otra parte, Buitrago y Duque en su ma­nual, (pág. 47), consideran a la economía y la cultura cara de una misma moneda: una es la representación abstracta de su valor simbólico y la otra es su validación cuanti­tativamente precisa, viene entonces a ser la moneda en sí misma la creación de ambas (pág. 48), dada los factores que en ella se encuentran: capacidad productiva, seriedad, solidez, espíritu emprendedor o los valores de la sociedad que la acogen. En estas, las sociedades se valen de sus símbolos cul­turales más importantes y de sus íconos históricos más reconocidos para adornar y respaldar el valor de las mismas (Pág. 49). En este orden de ideas, lograr en la realidad y contexto colombiano que la cultura y la economía se complementen y se vean cara de una misma moneda, será el reto mayor que tiene que enfrentar esta propuesta de Economía Naranja que muestra contar con voluntad política, gracias a las posiciones actuales de sus proponentes. Se necesitarán, entonces modelos de ne­gocios innovadores y creativos, que permi­tan transformar ideas en bienes y servicios culturales cuyo valor esté determinado por su contenido de propiedad intelectual y sin duda estarán presentes, haciendo uso de las nuevas y modernas tecnologías de la infor­mación y comunicación, con el fin de aportar e impulsar la conectividad a la inserción de estas industrias creativas y culturales, con­tribuyendo así, a la cadena de valor creativa, acompañada por la educación y preservación del patrimonio, en esta llamada Economía Naranja.